VER

Mostrando entradas con la etiqueta caos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta caos. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de febrero de 2022

Dame el poder

 


Oh, Señor!

Dame el poder. El poder de la palabra. De la palabra justa, atinada y precisa. La palabra piadosa. Aquella que llega al fondo mismo del corazón tocado; aquella que abre el entendimiento de la psiquis perturbada; aquella que abre una ventana en la oscuridad, la que hace entrar un hilo luminoso. Aquella que aclare ese tumulto de pensamientos confusos. La que logre aquietar el caos de voces y de llantos. La palabra que transforme el dolor y la confusión en esperanza. Esa que me permita llenar de fe un corazón desolado.


miércoles, 20 de octubre de 2021

El abismo



Mientras me hundo en un abismo sin formas, sin sonido y ca­rente de toda sensación, no pienso. Mi mente se ha paralizado, mi pulso pa­rece no existir y sin embargo, muy despacio, el abi­smo informe empieza a to­mar presencia de alguna manera inexplicable. Una luz comienza a envolverlo todo, hasta que parece que mi cabeza estalla, llena, desde adentro, de una especie de rui­do a­tro­nador, de miles de voces que murmuran, hablan, gri­tan, claman al mismo tiem­po, en un verda­dero caos que no logro entender.

Cie­rro los ojos y trato de ordenar mis pensamientos, acallar todas las voces, aclarar los colores y formas indefi­nidas que pululan en el abis­mo. Por un momento, casi logro aquietar el ele­mento extraño que no aci­erto a definir. Como si fuera un gran globo de gelatina temblorosa, incolo­ra e informe, va copiando tonos y reflejos desde el mismo vacío. Pero al ins­tante, cuando trato de tomar con­ciencia de este raro es­tado, se sa­cude, se rompe el globo tembloroso y comienza otra vez la caída hacia un abi­smo insondable.

Luego de un rato, cansada de luchar, me dejo llevar, como una hoja liviana que desciende de la copa al suelo, en zigzag, y muestra siempre el mismo lado, mientras cae lento, sin dar la espalda y de cara al cielo. Aflojo los músculos tensos, res­piro con calma y me resigno al destino que el viento quiera darme.

Enton­ces, se hace el silencio, vuelve la luz y desaparece por arte de magia, el abismo. La vacuidad no existe. Regreso sin entender cómo, desde una profundidad casi imposible de imaginar. Como si una mano me sostuviera por la espalda, emerjo ilesa, increíblemente entera, luego de tan terrible experiencia. Estoy viva, consciente, respiro, todo lo que me rodea es real y no me amenaza. ¿Dónde quedó el miedo? ¿Dónde el ruido de miles de voces confusas? Luego, comprendo la importancia de nuestra dimensión.  No importa lo que hay más allá del abismo. Estoy acá. En mi tiempo, mi lugar y mi espacio.

 

Título destacado

¡Cuánto te extraño!

  Hola. Tengo tanto para contarte. Han pasado muchas cosas buenas , lindas, desde que te fuiste. Cada día y en cada momento intenso, te pien...

Entradas populares